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There are no translations available Molvízar está enclavada entre las estribaciones de la Sierra de los Guájares y la Costa mediterránea. Para llegar a Molvízar es necesario tomar el desvío de la Nacional 323 que encontramos una vez rebasado el término de Vélez de Benaudalla (dirección Granada-Costa). Este desvío, que encontramos transcurridos escasos 60 kilómetros desde la capital granadina, comparte indicativo con los municipios de Lobres (anejo de Salobreña) e Ítrabo. Una vez tomado el desvío, llegaremos a Molvízar a tan sólo 7 kilómetros.
Una vez inmersos ya en Molvízar, podremos ir descubriendo en cada una de sus calles las características propias de un pueblecito típicamente andaluz, tanto en la fisonomía del entorno como en el carácter de sus gentes, que son amables y abiertas al visitante.
En otro orden de cosas no podemos olvidarnos del extraordinario microclima del que disfruta el lugar, que ronda los 18º como temperatura media anual, a lo que se suman las más de 3000 horas de sol que recibe cada año, esto hace que los molviceños disfruten de cálidos inviernos y suaves veranos. Gracias a sus especiales temperaturas, rodean al municipio una amplia variedad de plantaciones de frutos subtropicales (mango, nísperos, chirimoyas, aguacates...). Molvízar posee una riqueza paisajística privilegiada, confluyendo distintas geografías como los valles de la Costa Tropical o las vegas abiertas al mar, bajo la Sierra de Cázulas y la Almijara y la misma Sierra Nevada, que la protegen de los vientos del norte dando lugar al microclima propio de la zona.
DATOS GENERALES:Altitud: 241 m.Habitantes: 2.670.Extensión: 21 Km2.Clima: Templado-Mediterráneo.Distancia de la capital: 70 Km.Gentilicio: Molviceños.
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Molvízar está enclavada entre las estribaciones de la Sierra de los Guájares y la Costa mediterránea.
Su casco más antiguo, en torno a la plaza de la Iglesia, se caracteriza por las influencias de sus antiguos pobladores, los musulmanes, encontramos pues un sinfín de empinadas y estrechas callejas, el resplandeciente encalado de las fachadas contrasta de manera sublime con los variadísimos colores de las plantas que las engalanan.